El proceso en el que se somete al vidrio a un calentamiento y bajada brusca de temperatura para conseguir que sus propiedades mecánicas mejoren, es lo que tradicionalmente se conoce como templado / termoendurecido.
En un primer momento se calienta uniformemente toda la lámina de vidrio a una temperatura que varía en función del grosor de la misma (pudiendo llegar a los 700º C) para, a continuación, enfriarlo bruscamente, haciendo incidir sobre su superficie aire más frío y a una presión controlada. De este modo la superficie del vidrio se contrae rápidamente y queda sometida permanentemente a tensiones de compresión, mientras que el interior del vidrio queda sometido, también permanentemente, a tensiones de tracción.
Este proceso proporciona unas características mecánicas que otorgan al vidrio la resistencia tanto a impactos como al choque térmico producido por cambios bruscos de temperatura entre distintas partes del vidrio. Dichas características confieren a éste mayor seguridad en su uso.
Por otro lado, el proceso de templado / termoendurecido no varía las características espectrofotométricas del vidrio (grado de transparencia, reflexión, etc.) _ excepto en algunos vidrios de capa_ y tampoco modifica su comportamiento acústico.

